Hay días que me pregunto porqué me rebajo tanto.
Le hablo la gran mayoría de los días, para saber como esta o por el siempre motivo de leer lo que escribe, con la primera escusa tonta que se me pase por la cabeza.
Porqué tengo esas horribles ganas de encontrarmele y no ser capaz siquiera de acercarme a decirle "Hola", mi orgullo no me lo permite, ¿ Y si voy y pasa de mi ? ¿ Y si me mira raro ? ¿ Y si se me pone borde ? Y otras millones de cosas se me pasan por la cabeza cuando pienso en ir a saludarle. Entonces no hago nada, y me resigno a decirle a mis amigas lo mucho que me gusta mientras ella gritan descaradamente " Mira quien esta ahi nena " Pero lo que más feliz me hace es que suele venir el a saludarme. Mi corazón se alborota y muchas y traviesas hormiguitas recorren mis venas. Es una sensación tan fascinante.
Y por eso intento llevarme bien con él, porque aunque nunca lleguemos a ser mas que conocidos, al menos somos algo.
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